Allá por el año 1793 circulaba entre la ciudadanía española la expresión ¡Pan y Toros!, una descripción gráfica de la situación del país durante un período de tiempo con más sombras que luces. El día que León de Arroyal y Alcázar puso sobre el papel estas líneas, en la conocida Oración apologética en defensa del estado floreciente de España, admitía las críticas vertidas por Montesquieu y Voltaire contra un país vecino cada vez más rancio.
Más de dos siglos después parece que la historia no ha cambiado mucho. La crisis provocada por este misterioso Coronavirus ha traído consigo un comportamiento del estamento político y social carente de cordura. Han sido más lo que se han dedicado a embestir que aquellos que han decidido sentarse a reflexionar.
Como ocurre en tantas otras ocasiones, en España se tomó a broma esto del virus que afectaba a los chinos. Al fin y al cabo son cosas que ocurren lejos y no nos atañen, incluso hubo alguna risa en comparecencias oficiales. Los periodistas en nómina lo trataban como un simple resfriado, cosas de conspiranoicos o de locos. Ahora realizan sus programas desde casa y enarbolan la bandera de la responsabilidad.
El primer golpe no lo vimos venir, de un día para otro acabamos encerrados en nuestras lujosas casas de 60 metros cuadrados. Con nuestras cocinas equipadas con la última tecnología hasta acabamos aprendiendo a fabricarnos nuestro propio pan. Total, sólo es una práctica que se realizaba allá por el 14.400 antes de Cristo.
Antes del aplauso y después del resistiré disfrutamos de lo maravillosa que puede llegar a ser la vida encerrados en los habitáculos construidos durante la burbuja inmobiliaria. Tenemos una ventana con orientación a un muro interior, una habitación con una imagen preciosa del patio de luces o un balcón con vistas a un esqueleto de hormigón. Por este motivo la ventana al mundo está situada en el centro del salón, como la hoguera de antaño, la televisión preside nuestras vidas.
Imagino a los dueños de los canales de televisión sentados tras sus mesas de madera noble y hablando entre ellos por videoconferencia. Discuten acerca de la programación especial que pensaban establecer durante estos días, ¿Qué podría ocurrir mal? Tenían entre sus manos el sueño de todo magnate de la televisión, gente encerrada en sus casas todo el día y sin nada mejor que hacer.
¿Qué hicieron nuestras grandes mentes pensantes de la televisión? Pues simplemente pusieron a un gorila de espalda plateada y su harén al frente de un canal, a un mono con el culo pelado en la otra y a una manada de babuinos sin control en las demás. Todo ello acompañado del cierre del los acontecimientos deportivos, los dispensadores de borracheras y la falta de dinero por la figura del ERTE.
Violaron la ley más importante de un gobierno que quiere mantenerse en el poder, pan y circo para la plebe. Así que ahora, sin pruebas para la población y para aquellos que se enfrentan a la enfermedad en primera línea (dependientes de supermercados, camioneros, repartidores, limpiadores, sanitarios, entre otros) han decidido que, a falta de pan, bueno es el circo.
El espectáculo debe continuar expresa la canción y a la espera de un verano en el que las visitas a la playa y piscinas estarán marcadas por esta situación, nuestros queridísimos gobernantes han decidido que el fútbol debe continuar. No importa que no tengamos pruebas, no importa que la gente no pueda ir al estadio, lo que verdaderamente es importante es que vuelvan a preocuparse de su equipo favorito y de las apuestas deportivas.
Al final, un ciudadano entretenido es una luz que se apaga en ese universo de descontento y desilusión. Sólo falta solucionar el problema del pan, para ello se escuchan cantos de sirena acerca de una paga universal o algo por el estilo.
“Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarla para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amén.”

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