sábado, 17 de diciembre de 2011

Días de Adviento

Son fechas alegres para la mayoría de gente, pero para mí no. Me ha costado mucho volver a escribirte, la verdad, ha sido un golpe muy duro la noticia que llegó desde casa hace unos días. Eras la única persona que me comprendía en el mundo y, ahora, ya no estás ahí. Al pasar frente a una librería decidí comprar este diario, ya no puedo mandarte las cartas que tanto te gustaba recibir, sin embargo, no quiero perder la costumbre de contarte todo mi viaje.

Siento mucho no haber estado junto a ti, en los últimos días de tu vida, pero sé que te hubiera gustado que mi viaje no tocara a su fin, que siguiera disfrutando del país que tuviste que abandonar y al que nunca quisiste regresar; la familia era tu mayor gozo y debilidad. Tantas cosas hemos pasado juntos, tantas conversaciones en la habitación que compartíamos y no sé qué decirte.

A partir de ahora escribiré mis pensamientos en este cuaderno, sabiendo que tú los estarás leyendo desde donde te encuentres. Solo espero que allí tengan vino. 

En estas fechas tan señaladas España se convierte en una amalgama de color, luces y peculiaridades. Es muy bonito ir por las calles de cualquier ciudad y poder observar a la gente paseando a través de las luces de colores, los villancicos y las castañeras; una estampa que lleva en España desde tiempos inmemoriales. 

Este año hay una diferencia muy notoria con respecto a otros; no hay dinero y la gente no consume. La navidad es  una fiesta que hay que mirarla con una larga perspectiva, se la ha llamado de diversas maneras y ninguna de ellas ha durado lo suficiente como para calar en la sociedad y perdurar. En los comienzos se celebrara como el solsticio de invierno, sin embargo, la madre que todo lo acoge, la iglesia, siguiendo la doctrina de atrapar en su seno a todo aquel que estuviera descarriado, decidió establecer la navidad en estas mismas fechas.

Es una constante en las religiones mayoritarias, para que la población se adapte y llegue a instaurar sus creencias, no hay nada mejor que poner una festividad tuya encima de una de las suyas. Si antes se adoraba a la piedra verde tal día y en tal sitio, ahora esa piedra es una virgen que, casualidades de la vida, realizó un milagro el mismo día que la piedra verde. 

La iglesia creía tener la patente de la navidad, sin embargo, una nueva creencia llegó a los pueblos del occidente conocido. Metales y papeles, con efigies de lo más variadas, empezaron a sustituir la navidad por una época donde la tradición y la familia seguían importando, sin embargo, para que la felicidad llegar a sus casas tenían que tener el mejor vino, la mejor comida y los mejores regalos.

Las ciudades pasaron de ser centros comunales de la sociedad, a centros consumistas. Todo el entramado estructural de la urbe giraba en torno a la compra-venta de productos de escasa necesidad; todo ellos son prescindibles para la vida cotidiana. 

En Madrid está ocurriendo lo que en otras capitales del mundo capitalista, con un gesto neocon, sin precedentes en España, la dama de hierro del grupo conservador ha decidido que los comercios de la capital no tendrán restricción de horarios. Acaba de disparar a la línea de flotación del pequeño y mediano comercio.

Con este gesto ha dado carta libre a las grandes multinacionales para que creen miles de puestos de trabajo basura, a cambio, los comercios que no tienen ese poder adquisitivo verán mermados sus ingresos y tendrán que adaptarse o morir, es decir, morirán sin remedio.  Pero, ¿qué se esperaba de una facción neoconservadora y, por lo tanto, neoliberal?, acaso pretenden ayudar a los ‘pecheros’. Donde se ha visto que la clase nobiliaria, y la realeza, no expriman a las clases bajas en tiempos de crisis, no son nada más que números y estadísticas prescindibles; lo importante es la supervivencia de los adinerados, bienaventuradas las clases altas, porque de ellas será el reino del dinero.

Pero la navidad ha vuelto a cambiar, ahora el dinero no está fluyendo como debería; los grandes especuladores se equivocaron.  La hora del adviento monetario llega y ni las grandes superficies, con sus ofertas desorbitadas, son capaces de atraer al gran público a sus fauces; Las ovejitas no tienen que comer y prefieren un poco de hierba a un Ipad 2. El gordo de la Coca Cola este año no traerá ni su bebida favorita, es demasiado cara para las ovejitas que prefieren beber freeway.

Si la navidad ya no es una tradición pagana, una fiesta cristiana y una vorágine consumista, ¿En qué se ha convertido? Todavía está en la fase de asentamiento, sin embargo, ya se puede ir vislumbrando en que se convertirá la navidad en los próximos años: Una fecha en la que la gente podrá decir “aguanté un año más”, una fecha para compartir ideales de supervivencia urbana. 

Mientras, en las alturas del país, un señor aprovechaba estas fechas para sacar a la gente su lado más solidario, así, su familia podría disfrutar de unas navidades de lujo. ¿Cuánto tiempo más dejaremos que los sinvergüenzas controlen las finanzas? Mientras que intentamos solucionar este asunto, ¡Feliz Navidad!