Es una tradición decimonónica que las familias de la realeza se casen entre ellas para mantener la estirpe y la riqueza bajo el brazo de una misma rama. Una práctica endogámica que traía consigo, digamos, ciertos problemas de salud.
Estas familias eran objeto de burla desde las esferas más bajas: Se creía que debido a que se casaban entre miembros de la misma familia se volvían tontos. Incluso la Iglesia estableció un límite para la endogamia palaciega -el límite eran familiares de tercera generación-.
La endogamia es una práctica que comenzó en la realeza y que se ha ido extendiendo al resto de la población. En la actualidad, casi todos los órganos institucionales siguen esta práctica y eligen a sus miembros por medio del proceso monotáctil, es decir, un dedo se erige desde las alturas y cae como la espada de Damocles sobre la cabeza, en esta ocasión de forma positiva, del elegido.
Como ocurría en tiempos de la realeza, la endogamia institucional no trae consigo nada positivo: Personas incompetentes, con su ego sobrecargado, se sitúan en puestos de responsabilidad ciudadana. Es una situación preocupante cuando hablamos de políticos o burócratas con ‘cierta’ importancia, pero es aún más alarmante cuando de lo que se trata es de la educación.
La incompetencia de la endogamia se muestra en las clases ‘magistrales’ que muchos de estos ‘primos’ ofrecen al alumnado. El ser más joven y querer aprender no trae consigo la estupidez, sabemos de dónde vienen y por qué están ahí. Algunos hablan y hablan sin decir nada (por lo menos se molestan en simular una lección), otros, por el contrario, ni se molestan en representar el papel de profesor; llegan, se ríen un poco y se van tranquilamente. ¿Cuál es el truco para evitar las quejas? Realizar un aprobado casi general y no exigir nada en clase.
La endogamia en la enseñanza trae consigo la indignación de los alumnos, sin embargo no todos se dan cuenta de esta situación; muchos de los que andan por las aulas sólo quieren el título para sus intereses o para presumir de algo que creen que son.
La que realmente se juega algo con esta situación es la institución universitaria: El prestigio de las facultades, copadas por estos ‘primos’ tontos de los originales, cae en picado gracias a la endogamia de sus ‘trabajadores’ (sí, aunque muchos de ellos no quieran admitirlo son trabajadores y tienen que hacer su labor).
¿Qué valores inculcan a sus alumnos? ¿Qué les dicen? ¿Qué transmiten?
Transmiten la situación en la que nos encontramos actualmente, ‘primos’ que se sitúan en lo más alto de la ‘pirámide social’ sólo por pertenecer a una familia o a un ámbito determinado. ¿Qué hacemos con ellos?
Tenemos que aguantarlos hasta que decidan irse o hasta que la genética les permita sentir vergüenza y vean que están haciendo el ridículo, que perjudican a una sociedad que los soporta por ser quienes son. Mientras que florece la margarita que se aloja en sus posaderas, los demás intentamos sobrevivir en una sociedad que no nos permite crecer, pues por nuestras venas no corre sangre viciada por la endogamia.


